Textículo 1
Somos los últimos en leer las instrucciones de uso para acceder a una nueva versión mejorada de la estupidez. El internista nos ha recetado, antes de morir, una gragea de Nirvanol y tres cucharadas de Serenax.
Textículo 2
Tras la muerte se espera la gran y verdadera fiesta.
Textículo 3
“Lipstick en el Ritz quiere ser actriz”, cantaba con reiteración Paraíso. O dicho de otro modo: el verdadero paraíso es un todo incluido en la morgue.
Textículo 4
Porque la canción del verano no murió por causas naturales, a no ser que un atentado terrorista sea causa natural.
Textículo 5
Ya sabemos cómo dar cuerda a la maquinaria del esqueleto para que baile hasta al amanecer.
Textículo 6
Hemos visto cómo los menús se borraban en las pizarras y cómo las barbies metían mano en las entrepiernas de los poetas publicistas mientras el falso piano de Chopin se incendiaba.
Textículo 7
Disculpen, pero aquí estamos practicando el crawl y la mariposa en una piscina hiperclorada que hace frontera con una cala calificada como marco incomparable, aunque comprable. Allí están el salitre y el cloro, tensión dialéctica que se resolverá, ahora que Hegel no puede oírnos, en una síntesis perfecta: cloro salino para que no se irriten nuestros ojos de poetas en rebajas.
Textículo 8
Aunque sabemos que algún día nuestra felicidad saltará por los aires en el preciso instante en que suene el clic de nuestros cinturones de seguridad y, en un karaoke, un descerebrado cante del revés “nací en el Mediterráneo.”
Textículo 9
Aquí estamos, ocupando los asientos que dan a la salida de emergencia en un avión que pertenece a una compañía aérea de cuyo nombre no queremos acordarnos. Dice una voz que es menester mantener el cinturón de seguridad desabrochado después de ingerir el sándwich, que está terminantemente prohibido insultar, amenazar y, por supuesto, agredir a su compañero de fila, abrazar a las azafatas y, ya ni les contamos, al piloto, que fumar a bordo del avión es un acto del todo arcaico y que estamos volando a nueve mil metros de altitud y la temperatura en el exterior es de 28 grados bajo cero. Por tanto, abstengámonos de hacer tonterías.
Textículo 10
Por otro lado, y modestia muy aparte, nuestro swing es envidiable. Pelota de golf que va sobrevolando piscinas, calvas luminosas, alambradas, rejillas, verjas, somieres oxidados hasta caer, dócil, sobre la hierba artificial de un complejo de bungalows que linda con una vaquería exenta de vacas.
Textículo 11
Insertados como monedas, quemados por la lucidez de nuestros ancestros, nunca seremos los primeros testigos del arrasamiento. Esto viene de lejos. Queda el temblor de la razón, ese trabajo interminable que consiste en la demolición de un hotel o en la lentísima erosión de una catedral en cuyo ábside se ha congelado una carcajada.
Textículo 12
Se está formando un atasco a 37 grados centígrados, con su humedad correspondiente, en una autovía con vistas panorámicas a la Serra de Tramuntana, ese parque temático de la Santa Humanidad, allí donde el Archiduque Luis Salvador se pasea desnudo por sus propiedades seguido por una cohorte de siervos, mientras los asnos fornican y las ovejas balan largamente su tedio.
Textículo 13
Somos actores terciarios en un primer plano requemado, fruto de un selfie perpetrado por el último maniquí al que nadie osa tocar.
Textículo 14
El turista, atascado en su coche de alquiler en una rotonda, se repite a sí mismo a modo de mantra: “el trabajo es para relajarse y las vacaciones para estresarse. ¿O era a la inversa?”
Textículo 1
Somos los últimos en leer las instrucciones de uso para acceder a una nueva versión mejorada de la estupidez. El internista nos ha recetado, antes de morir, una gragea de Nirvanol y tres cucharadas de Serenax.
Textículo 2
Tras la muerte se espera la gran y verdadera fiesta.
Textículo 3
“Lipstick en el Ritz quiere ser actriz”, cantaba con reiteración Paraíso. O dicho de otro modo: el verdadero paraíso es un todo incluido en la morgue.
Textículo 4
Porque la canción del verano no murió por causas naturales, a no ser que un atentado terrorista sea causa natural.
Textículo 5
Ya sabemos cómo dar cuerda a la maquinaria del esqueleto para que baile hasta al amanecer.
Textículo 6
Hemos visto cómo los menús se borraban en las pizarras y cómo las barbies metían mano en las entrepiernas de los poetas publicistas mientras el falso piano de Chopin se incendiaba.
Textículo 7
Disculpen, pero aquí estamos practicando el crawl y la mariposa en una piscina hiperclorada que hace frontera con una cala calificada como marco incomparable, aunque comprable. Allí están el salitre y el cloro, tensión dialéctica que se resolverá, ahora que Hegel no puede oírnos, en una síntesis perfecta: cloro salino para que no se irriten nuestros ojos de poetas en rebajas.
Textículo 8
Aunque sabemos que algún día nuestra felicidad saltará por los aires en el preciso instante en que suene el clic de nuestros cinturones de seguridad y, en un karaoke, un descerebrado cante del revés “nací en el Mediterráneo.”
Textículo 9
Aquí estamos, ocupando los asientos que dan a la salida de emergencia en un avión que pertenece a una compañía aérea de cuyo nombre no queremos acordarnos. Dice una voz que es menester mantener el cinturón de seguridad desabrochado después de ingerir el sándwich, que está terminantemente prohibido insultar, amenazar y, por supuesto, agredir a su compañero de fila, abrazar a las azafatas y, ya ni les contamos, al piloto, que fumar a bordo del avión es un acto del todo arcaico y que estamos volando a nueve mil metros de altitud y la temperatura en el exterior es de 28 grados bajo cero. Por tanto, abstengámonos de hacer tonterías.
Textículo 10
Por otro lado, y modestia muy aparte, nuestro swing es envidiable. Pelota de golf que va sobrevolando piscinas, calvas luminosas, alambradas, rejillas, verjas, somieres oxidados hasta caer, dócil, sobre la hierba artificial de un complejo de bungalows que linda con una vaquería exenta de vacas.
Textículo 11
Insertados como monedas, quemados por la lucidez de nuestros ancestros, nunca seremos los primeros testigos del arrasamiento. Esto viene de lejos. Queda el temblor de la razón, ese trabajo interminable que consiste en la demolición de un hotel o en la lentísima erosión de una catedral en cuyo ábside se ha congelado una carcajada.
Textículo 12
Se está formando un atasco a 37 grados centígrados, con su humedad correspondiente, en una autovía con vistas panorámicas a la Serra de Tramuntana, ese parque temático de la Santa Humanidad, allí donde el Archiduque Luis Salvador se pasea desnudo por sus propiedades seguido por una cohorte de siervos, mientras los asnos fornican y las ovejas balan largamente su tedio.
Textículo 13
Somos actores terciarios en un primer plano requemado, fruto de un selfie perpetrado por el último maniquí al que nadie osa tocar.
Textículo 14
El turista, atascado en su coche de alquiler en una rotonda, se repite a sí mismo a modo de mantra: “el trabajo es para relajarse y las vacaciones para estresarse. ¿O era a la inversa?”
